Nada de esto es fundamentalmente nuevo, ni es nada del otro mundo. Lo nuevo, sin embargo, es que este aspecto tan importante, que muchos a menudo han pasado por alto o ignorado, ahora la norma lo exige de forma explícita por primera vez y, por lo tanto, también será objeto de auditoría. Así, la lógica tradicional de la lista de verificación se desplaza hacia cuestiones de “actitud” y comportamiento. En el futuro, los líderes deberán demostrar con toda naturalidad cómo dan forma, encarnan y promueven activamente su propio (!) conjunto de valores.
De la intención a la acción
En la práctica, esto podría significar incluir de manera firme la cultura de calidad en la agenda de la dirección; integrar los valores de la organización en las capacitaciones, las juntas de equipo y la comunicación interna y externa; hacer visible el ejemplo del liderazgo mediante decisiones transparentes y una asignación de recursos comprensible, o incorporar sistemáticamente a la revisión por la dirección indicadores de eficacia, como la retroalimentación del personal o las aportaciones de las partes interesadas.
La nueva ISO 9001 no es en absoluto “más ética”, pero sí está más apegada a la realidad y, en ese sentido, es más exigente. La calidad sustentable surge donde los valores, los objetivos, los procesos, el liderazgo, la cultura y el comportamiento responsable coinciden lo más posible. Por eso, la cultura de calidad y el comportamiento ético no son cargas adicionales, sino una ampliación de la perspectiva que hacía mucha falta, con las personas en el centro.
Integración de nuevas tecnologías en el SGC con aseguramiento de la calidad
La nueva revisión de la norma demuestra una vez más que sigue otorgando a las organizaciones una flexibilidad considerable en la forma de implementar sus requisitos. Si bien, por un lado, esto puede representar un reto, por otro lado sigo considerando que el margen de interpretación individual es una de las mayores fortalezas de la norma.